Tras una vida de ‘trotamundos’ todo lujo, viviendo en los mejores hoteles y viajando de un continente a otro, Nicky Hilton estrena casa por primera vez, y, orgullosa de ella, está encantada de abrir sus puertas para OK! Como tantas otras herederas de la jet, se podrÃa haber dedicado a disfrutar de la fortuna familiar, pero, en su caso, ha decidido centrarse en el diseño y colaborar con su hermana Paris en algunas firmas de ropa o complementos. De hecho, comenzó diseñando una lÃnea de bolsos para la marca japonesa Samantha Thavasa con tan sólo 19 años y dos más tarde lanzó su primera colección de ropa para ClÃck.
Amor a primera vista
Ahora, con 24 años, es toda una empresaria dentro del mundo de la moda. Sus estudios de diseño y los numerosos viajes que ha realizado, la han influido en su gusto iconoclasta, que se refleja muy bien en la decoración de su vivienda californiana. Ella siempre decÃa que tenÃa de todo menos un hogar donde regresar después de un dÃa de duro trabajo.
” La peimera vez que vi por fuera esta casa, me abrumó muchÃsimo. Pensé que era demasiado grande”, nos confiesa la neoyorquina. Sin embargo, en cuanto atravesó el umbral, cambió de opinión. Nicky es la segunda de 4 hermanos, hijos de los actuales propietarios de una de las cadenas de hoteles más importantes del mundo, los Hilton. Un imperio que se traduce en más de 229 alojamientos y varios complejos hoteleros. Su bisabuelo y fundador de la cadena, Conrad Hilton, compró el primero en 1919 y le puso el nombre de Mobley Hotel. El resto ya es historia.
Una vida demasiado rosa…
Sin embargo, la joven heredera, lejos de los dichos que aseguran que ‘ la primera generación se hace rica, la segunda conserva la fortuna y la tercera la derrocha’, presentó el pasado otoño en Saint Tropez su primera colección conocida de ropa de baño y lencerÃa, Nicholai. Tras una buena acogida por parte del público y de los expertos del sector, Nicky ha hecho un parón laboral para decorar su hogar. “Todo lo que tengo en casa tiene algún significado.
Nunca compro objetos simplemente porque estén de moda”, nos explica, recordando que el lugar donde creció de niña, el emblemático hotel Waldorf Astoria de Nueva York, era muy extravagante. “HabÃa demasiado rosa por todas partes, ya que a mi madre le encanta ese color”.
Aunque ella ha mezclado diferentes tonalidades en la decoración de su casa, predominan sobre todo el blanco y el negro. “Me encantó que la araña del salón fuera totalmente blanca, en lugar de haber sido elaborada en cristal transparente o negro, mucho más frecuente en otras decoraciones -asegura-.
No querÃa que mi casa pareciera sacada de un catálogo de revista”. A diferencia de Paris, Nicky evita, en la medida de lo posible, estar en el ojo de mira de los medios de comunicación, a no ser que sea por un tema relacionado con su trabajo. Después de tanto tiempo arrastrada por la popularidad de su hermana, la diseñadora quiere ser ella misma, incluso en temas tan mundanos como la decoración de su casa. “ParÃs es impulsiva y caprichosa. Cuando viene a casa y ve una cosa que le gusta, enseguida dice que quiere llevársela, ¡pero me niego en rotundo!”, dice Nicky.
“En muchas ocasiones, resulta más fácil que se lleve objetos de mi casa, que darle consejo para que adquiera los suyos propios”, bromea, mientras nos asegura que la relación entre ambas es inmejorable. “Somos las mejores amigas del mundo, aunque nuestros estilos sean cada vez más diferentes”. Pero para que no surjan problemas entre las dos, ha establecido una regla de ‘hermanitas’. Le ha prohibido a Paris la entrada en su casa si nota que se vuelve a llevar alguna cosa o que le copia sus ideas.
Su madrina la ayudó con la obra
Hace sólo unas semanas que Nicky ha regresado de Japón, paÃs donde ha estado promocionando la lÃnea de bolsos que ha creado para Samantha Thavasa. “He sentido mucha morriña, porque ahora tengo mi casa y me gusta mucho estar en ella, disfrutar con los amigos que vienen a visitarme, hacer cenas o, sencillamente, ver pelÃculas hasta muy tarde”, reconoce. Una paz y tranquilidad que sin duda le transmiten las lÃneas bicromáticas de la mayorÃa de las estancias de su casa, como el salón.
Los muebles que ha elegido definen cómo es su espÃritu: rompedor, elegante y cálido. “Sabe perfectamente lo que quiere, pero eso sÃ, tiene que ser único”, nos cuenta Faye Resnick, que además de ser su madrina y amiga, la ha ayudado con la reforma, ya que tiene experiencia como decoradora.
Las dimensiones de su mansión son enormes: no sólo es grande la casa, sino también el terreno que la rodea, que se ha transformado en un maravilloso jardÃn.
“Cuando compró la casa, nos sentamos a charlar durante muchas horas y me expuso claramente todo lo que tenÃa pensado hacer”, asegura Faye. El resultado ha sido esta coqueta mezcla de estilos.
Costumbres fijas
Cada estancia de la casa tiene una función determinada. Nicky tiene muy clara la división. Si queda con sus amigas para picar algo ligero, le gusta estar en el salón verde. “Me encanta este lugar para tomar con ellas el postre y el café”. En cambio, si se trata de la hora del brunch [el tÃpico almuerzo americano entre el desayuno y la comida], prefiere hacerlo en el gran salón, que tiene amplios ventanales con vistas a ese magnÃfico jardÃn.
Nicky puntualiza: “Almuerzo cada dÃa a las 12.00, sin prisas, y organizo el resto del dÃa tranquilamente”. Otro de los rincones sagrados de su casa es el dormitorio, que bañado por la luz californiana, se caracteriza por su sencillez.
Fuente: Revista OK!
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