El 13 de febrero se cumplieron tres meses del anuncio de la separación de la Infanta Elena y don Jaime de Marichalar y, visto el rumbo que han tomado sus vidas por separado durante este periodo de tiempo, la reconciliación entre ellos cada vez parece menos probable. Si bien en el comunicado oficial se hablaba de “cese temporal de su convivencia conyugal”, lo cierto es que el cÃrculo más próximo de la pareja ya da por hecho que el siguiente paso que darán será la separación legal.
Las rupturas no son plato de buen gusto para nadie, y los Duques de Lugo, conscientes de su posición, han optado por quedarse con los buenos momentos vividos durante sus 12 años de matrimonio y dejar a un lado las diferencias que los han separado, y ahora están centrando todos sus esfuerzos en afrontar la nueva situación familiar con la mayor naturalidad posible pensando, por encima de todo, en lo mejor para sus dos hijos -Felipe Juan Froilán, de 9 años, y Victoria Federica, de 7.
Elena y Jaime saben que los pequeños necesitan ahora todo su apoyo y cariño y, de momento, parece ser que están logrando que los niños asuman sin traumas que sus papás ya no están juntos. Para don Jaime de Marichalar y doña Elena no ha sido fácil comenzar una nueva vida por separado y, menos aún, con los medios de comunicación pisándoles los talones y examinando con lupa todos sus movimientos.
La situación ha sido especialmente complicada para doña Elena, por su condición de hija de Reyes. Sin ir más lejos, la semana pasada se armó un gran revuelo tras la publicación de unas fotografÃas de la Infanta dando un beso a un amigo en la nieve, en las que se dejaba entrever que se trataba del hombre que le ha arrancado de nuevo la sonrisa. Nada más lejos de la realidad.
El “apuesto” esquiador no es otro que Carlos Ruiz de Velasco, un amigo de Elena de toda la vida. Para más inri, está casado y es padre de cuatro hijos, uno de los cuales es monitor de esquà de Froilán. Lo cierto es que, desde que se anunció su ruptura matrimonial, la Infanta, de 44 años, ha demostrado tener una en tereza y un saber estar que ha sorprendido a todos gratamente.
En estos tres meses ha experimentado un gran cambio fÃsico y personal en el que muchos han visto reflejad la ilusión con la que está afrontando su nueva vida de separada. Más guapa y relajada que nunca, doña Elena ha retomado con un renovado entusiasmo su agenda de actividades y sus aficiones, recuperando sus amistades de soltera y haciendo más vida social.
Doña Elena ha recuperado su pasión por la hÃpica
El primer gran giro de la Infanta tras su separación fue trasladar su residencia a un chalet de tres plantas, ubicado en Fuente del Berro, en Madrid. El terreno tiene una extensión de 280 metros cuadrados y doña Elena dedicó los primeros dÃas de su vida de separada a reformar y redecorar la casa con su amigo Jaime Fierro en sus ratos libres.
Aparte del cambio de domicilio, la primogénita de los Reyes se ha mantenido fiel a sus rutinas de siempre. Cada mañana, acompaña a sus hijos al colegio San Patricio y acude a impartir clases de inglés al centro “Micos, mi primer cole”, del que es copropietaria. Luego, se deja ver en el Club de Campo de Madrid montando a caballo, una pasión que ha recuperado tras su separación.
Suele acudir con su Ãntima amiga Rita Allendesalazar, condesa de Ventosa, de 49 años, con la que, además de su afición por la hÃpica, comparte gran parte de su tiempo libre. La condesa, casada pero sin hijos, se ha convertido en el gran apoyo de la Infanta -aparte de la Familia Real, por supuesto- y últimamente han realizado muchas actividades juntas, como visitar la feria de arte Feriarte en Ifema, el pasado 22 de enero.
En el mundo de la hÃpica, doña Elena tiene otro amigo incondicional, el que ha sido su instructor de hÃpica, el jinete portugués Manuel Malta Da Costa, que vive en la localidad francesa de Chantilly, pero viaja a menudo a España. Se conocen desde hace más de 20 años y, dado que el jinete permanece soltero a sus 60 años, algunos medios no tardaron en insinuar que el apuesto caballero podrÃa estar ocupando un lugar especial en el corazón de doña Elena, cuando, en realidad, lo único que existe entre ellos es una bonita y duradera amistad.
De momento, la Infanta no parece estar interesada en comenzar una nueva relación. Sus hijos, su familia, sus amigos, su trabajo y sus aficiones centran ahora toda su atención. También tiene que cumplir con sus obligaciones como Infanta, aunque su agenda no es tan apretada como la de otros miembros de la Familia Real. Desde el 13 de noviembre, dÃa en que se anunció su separación de Jaime de Marichalar, doña Elena tan sólo ha asistido a siete actos oficiales: la inauguración del “Hospital infanta Elena” en la localidad madrileña de Valdemoro (24 de noviembre), la apertura del congreso conmemorativo de la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural (11 de diciembre), la sesión ordinaria de la Asamblea General del Comité ParalÃmpico Español (17 de diciembre), la cena con motivo del 70° cumpleaños del rey don Juan Carlos (9 de enero), la inauguración de los nuevos pabellones de Ifema (17 de enero) y de una exposición de pinturas, esculturas, bordados y orfebrerÃa en el Palacio Real con motivo del Año Jubilar del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe (7 de febrero), y el último de ellos, el pasado lunes 11, la reapertura del remodelado Teatro Olimpia de Huesca.
Los Duques sólo hablan de temas relacionados con sus hijos
La otra cara de la moneda de esta ruptura matrimonial ha sido don Jaime de Marichalar, al que, en los primeros dÃas, vimos más afectado y más abatido. La situación fue tan difÃcil para el esposo de la Infanta que su madre, doña Concepción Sáenz de Tejada, se trasladó desde Soria, donde reside habitualmente, a Madrid para estar al lado de su hijo. El Duque de Lugo continúa viviendo en el que era el domicilio conyugal, un ático de 500 metros cuadrados situado en el corazón del madrileño barrio de Salamanca.
Afortunadamente, con el paso del tiempo y el apoyo de su familia y amigos , ha ido asumiendo su nueva situación y ha vuelto a recuperarla ilusión por las cosas . Sin duda alguna, sus hijos, Froilán y Victoria, se han convertido en su mejor refugio. Al no existir todavÃa una separación legal, la Infanta y Marichalar han llegado a un acuerdo privado, en el que ha primado el bienestar de los niños. AsÃ, don Jaime los recoge muchos viernes en el colegio para pasar con ellos el fin de semana y, posteriormente, acompañarlos hasta el nuevo domicilio de su esposa.
En el momento del intercambio, la actitud entre los Duques de Lugo suele ser distante, aunque correcta y respetuosa. Sus charlas se limitan a fijar los fines de semana, las actividades o las vacaciones de los dos niños. Hasta el momento, no ha habido problemas en este sentido y, en fiestas tan señaladas como las Navidades, en las que la separación todavÃa era muy reciente, Froilán y Victoria pasaron la Nochebuena y la Navidad con la familia materna y los dÃas posteriores con la paterna. El 26 de diciembre, como ya es tradición, don Jaime y sus hijos se reunieron con la familia Marichalar en Soria para asistir a la misa por la memoria de su padre, el conde de Ripalda, fallecido en 1979.
Por primera vez en 12 años, doña Elena no asistió a este oficio, algo lógico si su matrimonio con el Duque estároto, aunque cabe decir que las relaciones de la Infanta con la familia de su todavÃa esposo -sobre todo, con su suegra, doña Concepción- siguen siendo cordiales .
Marichalar, sin guardaespaldas y excluido de los actos con la Familia Real
Tras su separación, el Duque de Lugo ha emprendido una nueva vida en solitario, pero continúa con los negocios que inició después de casarse con la hija de los Reyes. Marichalar es consejero asesor de Credit Suisse, su principal ocupación; preside la Fundación Axa (antes Winterthur), que impulsa actividades culturales, y es miembro de los consejos asesores de Art+Auction, del grupo de lujo LVMH para España (que integra marcas como Louis Vuitton, Kenzo, Dior, Celine, Donna Karan o Christian Lacroix) y de los consejos de administración de Cementos Portland Valderribas (de las hermanas Koplowitz), de Loewe y de la empresa de Robert de Balkany, propietario de complejos comerciales como La Vaguada o Plaza Norte en Madrid,y el Gran VÃa 2 en Barcelona.
Don Jaime comienza su jornada laboral en el Credit Suisse,que está muy cerca de su domicilio. Antes iba al trabajo apie, pero desde su ruptura con la Infanta acostumbra a hacer el trayecto en coche para evitar a los fotógrafos. Permanece en el banco hasta el mediodÃa y luego sale a comer con amigos o acude a comidas de negocio, nunca come en casa. Por las tardes, su agenda suele ser más ajetreada, ya que es cuando atiende sus consejos de administración y asesorÃas, y también cumple con los actos derivados de su cargo de presidente de la Fundación Axa.
Precisamente, su primera aparición pública con la Fundación después de separarse de la infanta Elena fue la inauguración de la exposición “Las fábulas de Velázquez”, en el Museo del Prado, donde coincidió con don Juan Carlos y doña SofÃa. No se saludaron ante las cámaras, pero sà hablaron cordialmente cuando estaban lejos de ellas, según ha trascendido. No ha sido ésta la única vez que don Jaime ha coincidido con algún miembro de la Familia Real desde la separación.
Recientemente, estuvo en otro acto presidido por los PrÃncipes de Asturias-la investidura de los profesores ValentÃn Fuster, Joan Rodés y Pedro Alonso como doctores honoris causa-, aunque no existe prueba gráfica de que se saludaran, si es que lo hicieron. Marichalar, que ya no participa en ningún acto oficial de la Familia Real ni tiene guardaespaldas, acudió a esta investidura porque el doctor ValentÃn Fuster es su médico privado, y se encontró también con Alicia Koplowitz, con la que habló distendidamente.
Aparte de sus compromisos de trabajo, el Duque de Lugo también se ha centrado en sus aficiones y sus amistades, aunque hace menos vida nocturna que antes. Hizo un viaje relámpago a Nueva York y, como gran apasionado de la moda -estos últimos meses incluso parece haberse moderado en el vestir-, estuvo en enero en la Semana de la Alta Costura de ParÃs, donde coincidió con su amiga Nati Abascal, de quien las malas lenguas decÃan que se habÃa distanciado.
Sà es cierto que Marichalar es el que se ha llevado la peor parte del pastel y en el camino ha perdido algunas amistades “interesadas”, pero, poco a poco, va encontrando su lugar en esa nueva vida sin la Infanta -ya no es aquel hombre triste al que le costaba aceptar la situación- y hasta ha confesado a sus Ãntimos que ve muy difÃcil la posibilidad de reconciliación como él desearÃa. Asà las cosas, cumplidos los tres primeros meses de separación, todo parece indicar que el cese temporal de la convivencia acabará siendo definitivo.
Fuente: Revista Pronto
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