A los 44 años de la primera Eurocopa, la selección española ganó la segunda con un excelente fútbol que ha despertado la pasión y el entusiasmo en millones de personas.
Dicen que el fútbol es pasión, pero la Eurocopa 2008 ha sido el delirio total, una auténtica locura. Millones de personas en toda la geografÃa española han seguido, animado, sufrido y celebrado por todo lo alto el histórico triunfo de la “roja”, que, el pasado 20 de junio, en una excelente final contra Alemania, se proclamó campeona de Europa.
Un único gol de Fernando Torres, “El niño”, en el minuto 33 dio el tÃtulo al equipo de Luis Aragonés, quien se convirtió en el técnico de más edad (el 28 de julio cumplirá 70 años) que ganaba la competición futbolÃstica más importante del continente. “Podemos” rezaba el slogan de Cuatro, la cadena que con la retransmisión de los partidos ha batido récords de audiencias (14,4 millones de espectadores vieron la final). Y, realmente, han podido.
No sólo eso, sino que han ganado con rotundidad, con estilo propio y con un fútbol que enamora. El merecidÃsimo triunfo de la “roja” -asà lo ha reconocido la prensa de todo el mundo- ha acabado con el fantasma de que el equipo español no lograba pasar de cuartos -a veces, ni eso- pese a la probada calidad individual de sus futbolistas. Eso sÃ, han tenido que pasar 44 años (la primera Eurocopa se ganó en 1964) para demostrar que España es uno de los grandes en materia futbolÃstica.
El entusiasmo creció tras ganar a Italia
Pero, al inicio de la Eurocopa, las cosas no apuntaban en un sentido tan triunfalista. Aragonés -apodado “el sabio de Hortaleza” o “zapatones”, según la simpatÃa que despierte en quien a él se refiere -llegaba envuelto en la polémica y, en los primeros partidos, aún ganando, la selección cometió algunos fallos que hacÃan sembrar dudas entre los aficionados más pesimistas. El entusiasmo se desató cuando España ganó a la temida Italia en una emocionante tanda de penaltis.
La “roja” no sólo habÃa derrotado a la actual campeona del mundo sino que pasaba de los agoreros cuartos. A partir de ahÃ, tanto los jugadores como los aficionados empezaron a creer que quizás esta vez sÃ. Despojados de complejos y temores, los españoles empezaron a imponer su estilo de juego, basado en la técnica y en el toque del balón. Fue asà como pudo eclosionar un equipo donde no hay divismos -más allá del liderazgo de veteranos como Casillas, Puyol o Xavi-, ni privilegios.
Todo lo contrario. Son un grupo sin estrellas mediáticas, muy solidarios -Ramos se puso una camiseta con el retrato del fallecido Antonio Puerta y Palop vistió la camiseta con la que el portero Arkonada perdió la final de la Eurocopa de 1984- que comparte talento, mentalidad ganadora y hambre de tÃtulos. Y todo, desde la humildad de los que saben que ganar exige sacrificio, pocos personalismos y mucho esfuerzo.
Pero conseguir un tÃtulo que parecÃa gafado no sólo ha sido mérito de ellos: Luis Aragonés ha tenido mucho que ver. Controvertido por sus bruscas maneras y su adusto semblante, el seleccionador recibió en el 2004 una selección y, cuatro años después, deja -no le renuevan el contrato y será sustituido por Vicente del Bosque- un equipo. El mejor del mundo, según la FIFA. No fue fácil. Tuvo que superar muchas presiones y vicios para optar por la “democratización” de un equipo que ha cambiado la furia patriotera por el talento.
Fiesta y chistes en “la plaza roja” de Madrid
En el estadio Prater, de Viena, poco después de que el emocionado portero y capitán, Iker Casillas, levantara la Copa, los jugadores mantearon al seleccionador. Pero Aragonés no acompañó a sus chicos en la juerga que se corrieron dentro y fuera del vestuario. Varios jugadores salieron de éste, en calzoncillos, para regar con cava a un reportero. La celebración, en un homenaje a lo grande con música y miles de espectadores, siguió en la plaza de Colón de Madrid, rebautizada como “la plaza roja”, a donde los jugadores llegaron en autobús descubierto desde el aeropuerto de Barajas.
En el escenario, el portero suplente, Pepe Reina, ejerció de divertido “showman” con una singular presentación de los 23 jugadores,que volvieron a mantear al técnico. Más modositos estuvieron en la recepción oficial, primero en el palacio de la Zarzuela ante los Reyes, los PrÃncipes y la infanta Elena, y luego con el presidente del Gobierno en la Moncloa. “No tengo manta para mantearte”, fue lo primero que le dijo don Juan Carlos a Aragonés, mientras doña SofÃa alababa las aptitudes musicales de Reina.
Don Felipe, que a diferencia de sus padres y hermana no pudo estar en Viena, cogió la Copa, la inspeccionó y dijo: “Aquà todavÃa huele a champán”. Puede que huela también al inicio de una nueva época para el fútbol español.
Fuente: Revista Pronto
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