Jun 21

Biografia de J.K. Rowling: La “madre” de Harry Potter

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La célebre escritora británica Joanne Kathleen Rowling es una de las mujeres más ricas del mundo tras escribir los siete libros de la saga de Harry Potter, cinco de los cuales, hasta el momento, han sido llevados a la gran pantalla. Pero, antes de que la saga comenzara, tuvo que vivir de la asistencia social y vio su creación rechazada hasta por ocho editores diferentes.

Casada en dos ocasiones, ha tenido dos niñas y un niño, pero su hijo más famoso, el aprendiz de brujo huérfano fruto de su desbordante imaginación, tardó siete años en ver la luz. Todo empezó en un tren…

Joanne Rowling nació el 31 de julio de 1965 en Yate (Gran Bretaña). Su padre, Peter, era ingeniero de la Rolls Royce y Anne, su madre, técnica de laboratorio. “Se conocieron en un tren cuando ambos tenían 18 años y se incorporaban al servicio militar, hacía frío y él le ofreció su abrigo. Se casaban un año después”, explica siempre la escritora.

Y no es casualidad que siempre figuren los trenes entre sus anécdotas. Gracias a un tren, ella vio la vida, y gracias a un tren que iba con retraso se concibió Harry Potter.

Potter, un vecino suyo

Cuando sus padres dejaron la Armada, se trasladaron a Bristol, donde nació Joanne, “Jo” para la familia. Dos años después llegó su hermana, Diana, a la que todos llamaban Di, y con quien ha mantenido siempre una relación inmejorable, “aunque nos pasamos la infancia peleando como dos gatas salvajes en una misma jaula” Di era la niña bonita y Jo, que nunca se ha considerado especialmente agraciada, piensa que, para compensar, “a mí me dieron la inteligencia”.

Su madre la aficionó a la lectura, pero fue con su hermana con quien dio riendo suelta a su imaginación contándole historias que luego representaban: “A Di le encantaba porque siempre le daba buenos papeles”.

Con 6 años, Joanne escribió su primer relato protagonizado por un conejo y su grupo de amigos. Eran épocas en que jugaban mucho en la calle y en la suya vivían un niño y una niña que se apellidaban Potter: “Me gustaba más ese apellido que el mío, que se prestaba a juegos de palabras”.

Joanne tuvo que escuchar muchas veces desafortunadas burlas como “Rowling Stone” o “Rowling Pin” (rodillo de amasar en inglés), pero recuerda con agrado su paso por la escuela de Winterbourne, “donde hacíamos cerámica, dibujo y escribíamos cuentos, lo que se adaptaba a mi carácter a la perfección”.

Adoptó la segunda inicial de su abuela

Cuando contaba 9 años, la familia se trasladó a Gales, a una casita de campo en Tutshill. Joanne no recuerda esta época como la mejor de su vida, su abuela Kathleen murió (de la que ella adoptaría más adelante su inicial) y la escuela del pueblo resultó ser muy tradicional y aburrida.

La maestra la sentó “en la fila de los cortos de luces” y está claro que le inspiró para alguno de los personajes siniestros de su obra.

Su adolescencia pasó rápida de la mano de su gran amigo, Sean Harris, el primero del grupo que tuvo coche y que para Joanne “era símbolo de libertad”. Era un Ford Anglia original, el mismo coche mágico turquesa y blanco que luego saldría en sus novelas.

Sean fue la primera persona a quien confesó sus deseos de dedicarse a la literatura “y la primera que no dudó que tendría éxito”. A Sean Harris le dedicó su segundo libro de Potter, “La Cámara Secreta”.

Su madre falleció al nacer Harry Potter

Joanne tenía 15 años cuando a su madre le fue diagnosticada una esclerosis múltiple, una enfermedad que, en su caso, avanzó más deprisa de lo normal. Mientras, Joanne pudo acabar la secundaria, en 1983, y aunque quería ser secretaria, ingresó en la Universidad de Exeter para estudiar francés y filología clásica presionada por sus padres. “Lo único interesante fue que pude pasar un curso entero en París”, ha dicho la escritora.

Tras acabar los estudios, dio algunas clases de francés, pero su trabajo más prolongado fue en Amnistía Internacional.

En 1990 decidió trasladarse a vivir a Manchester. No había dejado de escribir desde los 6 años y tenía listas un par de novelas que nunca se había atrevido a publicar. Fue en uno de los viajes de regreso a Londres, “sola en un tren abarrotado de pasajeros”, cuando se le ocurrió la historia de Harry Potter:

“Nunca me había sentido tan entusiasmada por una idea como en ese momento”. Joanne recuerda su frustración por no llevar un bolígrafo en ese momento, “lo que me permitió estar cuatro horas dedicada exclusivamente a pensar en los detalles de ese niño flaco, con pelo negro y gafitas que no sabía que tenía poderes mágicos”. Aquella noche empezó a escribir los primeros capítulos de “Harry Potter y la Piedra Filosofal“.

Pero, a finales de ese mismo año, su madre con apenas 45 años, fallecía: “Fueron momentos terribles. Mi padre, Di y yo quedamos destrozados. Era imposible pensar que mamá pudiera morir tan pronto. Recuerdo como si una losa me oprimiera el pecho, como si literalmente me doliera el corazón”.
Atormentada, Joanne decidió huir hacia delante, cambiar de aires e irse a vivir a Oporto, en Portugal, donde le habían ofrecido dar clases de inglés. Mientras, su manuscrito seguía creciendo a trancas y barrancas. Conoció a un periodista portugués, Jorge Arantes, con quien se casó en octubre de 1992 y le dio su primera hija: “El matrimonio no funcionó, pero me dio lo mejor de mi vida, Jessica”. De Oporto también se trajo la visión de la librería “Lello Irmao”, que se convertiría en la biblioteca de la academia de magia de Hogwarts.

Una ayuda social de 100 euros semanales

Después de tres años en Portugal y apenas unos meses de matrimonio, madre e hija regresaron a Gran Bretaña, instalándose en casa de su hermana, Di, en Edimburgo, a finales de 1994. Divorciada, sin trabajo y recibiendo una ayuda social de unos 100 euros semanales, sus intenciones eran poder dar clases en una escuela.

Pero antes se dio una última oportunidad como escritora y se puso a trabajar frenéticamente para acabar aquel libro y al menos intentar su publicación: “En cuanto Jessica se dormía en su sillita, yo entraba en la cafetería más cercana y me ponía a escribir como una loca.

Escribía casi todas las noches. Hubo momentos en que llegué a odiar el libro”. Aquel café, el “Nicholson”, se ha convertido en lugar de culto para los seguidores de Harry Potter. Allí su historia seguía creciendo, el vecino del barrio de su infancia, Ion Potter, daba apellido a su protagonista masculino, mientras que la lista y avispada niña que le iba a acompañar en sus aventuras, Hermione, era un reflejo de ella misma: “Hermione era un poco como yo de niña.

Creo que muchas personas me veían como una sabelotodo, pero bajo el afán de estudio había mucha inseguridad y un enorme miedo al fracaso”.

Ocho editores rechazaron el manuscrito

Cuando finalmente acabó el libro, encuadernó los tres primeros capítulos y se los envió a un agente literario: “No tardó ni un día en devolvérmelos”. La respuesta, que aún conserva, dice textualmente: “Querida Sra. Rowling: Lo siento mucho, pero mi lista de clientes está completamente llena”. El segundo agente tuvo mejor intuición y le pidió que le enviara el resto del manuscrito: “Con diferencia, la mejor carta que he recibido en mi vida”.

Aquel agente, Christopher, tardó un año en encontrar un editor dispuesto a publicarlo. “Muchas editoriales lo rechazaron”, recuerda J.K. Rowling, y ahora se sabe que hasta ocho devolvieron el manuscrito.

En agosto de 1996, la editorial Bloomsbury le hizo una oferta. “¿Quiere decir eso que lo van a publicar? -le preguntó a su agente. Colgué el teléfono y me puse a gritar y a saltar como una loca; recuerdo la cara de susto de Jessica, sentada en su trono, cenando”.

En realidad, en Bloomsbury también estaba a punto de ir a la basura cuando una empleada lo cogió por casualidad, le encantó y se lo enseñó a su jefe. La oferta que le hicieron tampoco era para tirar cohetes: 3.000 libras esterlinas (unos 4.000 euros), pero Joanne estaba pasando serios apuros económicos y aquello le pareció una fortuna. La editorial también le sugirió que firmase el libro con sus iniciales, ya que un nombre femenino, decían, no atraería tanto al público infantil. Fue entonces cuando adoptó el nombre de su abuela y, a partir de ese momento, sería conocida como J.K. Rowling.
“Harry Potter y la Piedra Filosofal” vería la luz en 1997.

Sus obras han sido traducidas a 65 idiomas

El resto ya es bien conocido. La crítica se rindió a sus pies y al año siguiente salía la segunda entrega de la saga, “Harry Potter y la Cámara Secreta“. Un editor americano le ofreció un adelanto para publicar su obra en Estados Unidos y siguió cosechando éxitos hasta los siete actuales y las cinco películas basadas en ellos.

Tras la cuarta entrega, J.K. Rowling escribió dos libros escolares basados en el mágico mundo de Harry Potter, “Quidditch a través de los tiempos” y “Animales fantásticos y dónde encontrarlos”, cuyos beneficios fueron donados a la asociación benéfica Comic Relief.

Sus obras han sido traducidas a 65 idiomas y ha vendido 350 millones de ejemplares, sin contar esta última entrega, que asegura que es la última y de la cual, sólo para España, se han impreso 1.575.000 ejemplares. En el 2001 se casó con el médico Neil Murria, “estaba decidida a no volver a casarme, pero nos presentó mi hermana y me pareció una persona muy sólida”, con quien ha tenido dos hijos, David, que nació en el 2003, y una niña, Mackenzie, en 2005. En el 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

En apenas diez años pudo cambiar el humilde apartamento que compartía con su hermana en Edimburgo por una lujosa mansión en Perthshire. Tiene otro palacete en Escocia y una casa en Londres, cerca de Buckingham Palace. Su fortuna ronda los 1.000 millones de euros, por encima de la reina de Inglaterra. Y todo, por arte de magia.

Fuente: Revista Pronto

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