Ago 09

Biografia de Ingrid Betancourt

La más famosa cautiva de las FARC

La más famosa cautiva de las FARC

Ingrid Betancourt Pulecio nació el 25 de diciembre de 1961 en Bogotá (Colombia) en el seno de una familia acomodada, su padre, Gabriel Betancourt, era ex ministro de Educación y consultor de la Unesco. Creció en París, junto a su hermana pequeña, Astrid, estudió primaria en el exclusivo Institut de Lássomption y solía esconderse tras el piano del salón para escuchar las conversaciones de sus padres con ilustres invitados como Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Miguel Ángel Asturias o Fernando Botero.

Pero en su infancia no todo fue de color de rosa y le tocó vivir la traumática separación de sus padres. No iba a ser por su madre, Yolanda Pulecio, ex miss, ex congresista, ex embajadora y conocida por su labor a favor de la infancia, por quien Ingrid empezó a cuestionarse su cómoda vida de niña burguesa. Su padre le repetía en muchas ocasiones: “Ingrid, le debes mucho a tu país, nunca olvides tu obligación de devolverle todo lo que te ha dado”.

Casada con un diplomático francés

Doctorada, con excelentes notas, en Ciencias Políticas por una de las más prestigiosas escuelas francesas -donde fue alumna de Dominique de Villepin, después primer ministro francés-, Ingrid se especializó en comercio exterior y relaciones internacionales. Casada, en 1981, con el diplomático galo Fabrice Delloye -lo que le dio la nacionalidad francesa- tuvo dos hijos: Melanie (1985) y Lorenzo (1988). Pero, en el verano de 1989, su vida dio un vuelco inesperado.

Se encontraba con su familia en la región del Loira cuando se enteró, por una conversación con su madre, de que Luis Carlos Galán había sido asesinado en Bogotá. Abogado del Partido Liberal colombiano, Galán era la persona con más opciones de lograr la presidencia en las elecciones de 1990, pero fue acribillado por sicarios vinculados al capo de la mafia Pablo Escobar. Ingrid decidió divorciarse de su marido -con el que la relación se había ido deteriorando- y regresar con sus hijos a Colombia.

Campaña repartiendo condones por Bogotá

Ingrid Betancourt

Ingrid Betancourt

En 1994, tras una campaña en la que llamó la atención por repartir preservativos en la calles de Bogotá para frenar, según decía, “el sida de la corrupción”, fue elegida diputada por el Partido Liberal. “Enfant terrible” de la política colombiana, no dudó en acusar al presidente de su partido, Ernesto Samper, de financiar su campaña con dinero de los narcos. En 1998, dos años después de que las amenazas que recibía le llevaran a enviar a sus hijos a París para que vivieran con su padre, creó su propio partido, Oxígeno Verde, con el que se presentó -y fue elegida- al Senado.

Detrás de sus campañas estaba su segundo marido, Juan Carlos Lecompte, un publicista al que había conocido al llegar a Colombia. Lecompte le había contagiado su pasión por las motos y ella, su amor por los caballos y la política. Mujer de personalidad volcánica, su estilo no ha sido -ni es- del agrado de todos. En marzo del 2001, publicó en Francia su autobiografía, “La rabia en el corazón“, que desató una fuerte polémica en Colombia, ya que Betancourt arremetía contra toda la clase política de su país.

Un mes después, Ingrid renunció como senadora para presentarse a las elecciones presidenciales de mayo del 2002 por el movimiento Nueva Colombia. Oradora brillante y entusiasta, el 23 de febrero de 2002, en plena campaña electoral, Betancourt fue secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) cuando trataba de adentrarse -pese a que le habían advertido del peligro- en una zona controlada por la guerrilla, donde días antes había tenido lugar un intento de negociación.

Con ella se quedó (pese a que los guerrilleros le habían dado la opción de ser liberada) Clara Rojas, amiga personal y su mano derecha en la campaña. Betancourt y Rojas fueron incluidas en las listas de los llamados “canjeables”: un grupo de rehenes que las FARC ofrecían intercambiar por medio millar de rebeldes presos. Al mes de su cautiverio, falleció su padre, Gabriel Betancourt.

En julio de 2002 y en agosto de 2003, la guerrilla dio “pruebas de vida” de Ingrid (vídeos donde aparecía la candidata). Desde entonces, varios países europeos intentaron buscar una solución al secuestro, sobre todo en Francia, Suiza y España, donde hubo importantes movilizaciones para su liberación.

Cinco intentos de fuga

Ingrid Betancourt

Ingrid Betancourt

Según pudo saberse por el policía John Frank Pinchan, que se escapó de las FARC, Ingrid intentó huir, sin éxito, en cinco ocasiones. Tras volver a ser capturada, había sido castigada, encadenándola por el cuello durante meses las 24 horas del día. Sostenida por su profunda fe religiosa, la más famosa de los secuestrados de Colombia soportaba su cautividad con entereza y dignidad, encarándose con sus captares.

Llenaba las largas horas leyendo y escribiendo un diario (que finalmente le sería requisado) y, cada día, a las siete de la mañana, oyendo los mensajes que su madre le enviaba a través de un programa de Radio Caracol. El día de su 46 cumpleaños, poco después de que la guerrilla hubiera difundido un vídeo en el que se la veía muy demacrada, el marido de Betancourt echó desde una avioneta miles de octavillas con las fotos de los hijos de la rehén por si alguna llegaba a sus manos.

Libro y película sobre su experiencia en la jungla

El fin de la pesadilla empezó a perfilarse, hace unos meses, tras la muerte del dirigente histórico de las FARC, Manuel Marulanda “Tirofijo”, y se concretó el 2 de julio con la operación Jaque. Llevada a cabo por el ejército colombiano (con alguna ayuda de EEUU), un comando de rescate urdió una trama novelesca con la que engañaron a los guerrilleros y pusieron en libertad a Betancourt y a otros 13 rehenes.

Ingrid Betancourt

Ingrid Betancourt

Tras reencontrarse con su familia y viajar a Francia, Ingrid no contó mucho de su cautiverio pero habló de su miedo a las alimañas, de la falta de intimidad, de la monotonía del encierro y de las marchas de 10 horas por la selva. Explicó que seguía viva gracias a William Pérez, un suboficial también secuestrado que, cuando estuvo profundamente deprimida y enferma, le dio de comer y la cuidó. Betancourt aún no sabe si volverá a la política, pero escribirá un libro sobre sus seis años en la jungla y que, de éste, se hará una película.

Fuente: Revista Pronto

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