Alberto Contador Velasco nació el 6 de diciembre de 1982 en el hospital Doce de Octubre, de Madrid, aunque siempre ha residido en Pinto, localidad del extrarradio de la capital española a la que sus padres emigraron en 1978 desde Barcarrota (Badajoz). Hijo de Francisco y Paqui, fue el tercero de cuatro hermanos (Francisco Javier, Alicia y Raúl, que tiene parálisis cerebral). Desde pequeño mostró gran afición por los animales, en especial los pájaros.
Cuando llegaba del colegio, salÃa al balcón de su casa y, con un silbido, acudÃan gran cantidad de palomas a las que daba de comer en la mano. Moreno, flaco e inquieto, Alberto fue, según su madre, un perfecto “trasto” de niño. “MetÃa los dedos en los enchufes”, explicaba en una entrevista, en la que también recordaba que una vez se cayó de cabeza desde la litera que compartÃa con su hermano Fran, cuatro años mayor.
“Mira, Fran, me han cosido la cabezo con hilo”, le dijo, con una sonrisa de oreja a oreja, cuando regresaron del hospital. De niño jugaba al fútbol y practicaba el atletismo, pero fue el ciclismo lo que acabó enganchándole. Cuando a Fran le regalaron una bicicleta nueva por aprobar la selectividad, heredó la vieja, una Orbea, “el hierro”, ya descatalogada.
Sin dinero para comprar una buena bicicleta
Un dÃa, con 15 años, Alberto se empeñó en acompañar a Fran, que pertenecÃa a un club ciclista de Pinto. Vestido con chándal y a los pedales de aquella bici roñosa, aquel adolescente larguirucho no sólo no se quedó atrás, sino que dejó tirado a todo el grupo cuando llegaron a la cuesta de Frascuelo. “Paco, tienes que meter a Alberto en un equipo. No es normal lo de este chico”, le dijo un ciclista de aquel pelotón al padre de Contador.
La precaria economÃa de la familia no daba para una bici de marca, pero le prestaron una en la Unión Ciclista de Pinto, donde Alberto empezó a salir a pedalear con chicos de su categorÃa, cadetes. Su primera carrera fue en 1998, en Torrelaguna (Madrid). Tras verle subir el puerto de El Atazar, le apodaron el “Pantani”.
Al año siguiente, pasó a juveniles y, un año después, en el 2000, fichó por el Real Velo Club Portillo. La primera carrera que corrió ese año fue el Trofeo Iberdrola, en Zamora. Alberto habÃa entrenado mucho y un tÃo suyo, Abelardo, le habÃa regalado una bicicleta de primer nivel. Pero, en mitad de la carrera, en una fuerte bajada, se cayó.
Contusionado y con dos dientes rotos, se lo llevaron al hospital. Más que los golpes, lo que le dolió fue que se hubiera partido el cuadro de la bicicleta. El incidente le dejó muy afectado porque pensó que se habÃa truncado su sueño de ser ciclista. Por suerte, no fue asÃ. Fruto de esa caÃda, cogió miedo a las bajadas y las hacÃa tan frenadas que estuvo a punto de no ser seleccionado para participar en el Campeonato de España.
Tiene dos placas de titanio en el cráneo
Dotado de un cuerpo con músculos de acero, pelvis estrecha y sin un gramo de grasa innecesaria, los que lo conocen aseguran que Alberto Contador es un hombre que posee una extraordinaria confianza en sà mismo. Su lema es “querer es poder” y lo cumple a rajatabla. Ambicioso, competitivo, obstinado y con una cabeza privilegiada, Contador consigue todo aquello que se propone gracias a una meticulosa preparación fÃsica y un control absoluto de la carrera.
En su segundo año en juveniles llegaron sus primeras victorias, especializándose en los premios de montaña. En el 2002 ,venció en el Campeonato de España contrar reloj sub-23. Al año siguiente, debutó como profesional con el equipo ONCE-Eroski, con el que empezó a competir -y a ganar- en el extranjero.
Contador tenÃa 21 años y un futuro prometedor cuando llegó uno de los episodios más difÃciles de su vida. El 12 de mayo del 2004, cuando competÃa en la primera etapa de la Vuelta a Asturias, se le pusieron los ojos en blanco y empezó a tener convulsiones, lo que le provocó una aparatosa caÃda.
La intervención del médico de la prueba, Santiago Zubizarreta, impidió que el ciclista se asfixiara tragándose su propia lengua. Unas semanas después, en su casa, Contador sufrió una crisis similar a la de Asturias y fue trasladado al hospital Ramón y Cajal, donde le diagnosticaron un cavernoma localizado en el lóbulo frontal del cerebro.
“Un pequeño desliz en la operación podrÃa haberle condenado a la paraplejÃa, el mutismo o a un estado de confusión mental permanentes”, explicó Aurora MartÃnez Rodrigo, la neurocirujana que dirigió una intervención que le ha dejado al ciclista dos placas de titanio en el cráneo. Mientras se recuperaba, arropado por su familia y su novia, Macarena Pescador, releyó “Mi vuelta a la vida”, biografÃa de su Ãdolo, Lance Armstrong quien, tras vencer un cáncer testicular, ha ganado siete veces el Tour.
Totalmente recuperado, cogió la bici con más ganas que nunca. Volvió a la competición -tiene la manÃa de santiguarse tres veces antes de empezar una carrera- en enero del 2005 con el Tour Down Under, de Australia y, en marzo, ganó la Setmana Catalana. Tres meses más tarde, tuvo que abandonar el Criterium Dauphiné Liberé al cortarse dos dedos con los radios delanteros de la rueda de su bici. Pero pudo debutar en el Tour.
Su nombre apareció en la “Operación Puerto”
Su nombre apareció incluido -como testigo- en el sumario de la denominada “Operación Puerto”, puesta en marcha por la Guardia Civil en mayo del 2006 para esclarecer la red de dopaje en el Ciclismo, en la que sà estuvieron implicados Manolo Sáiz, director de su equipo -el Liberty-Würth- y el médico Eufemiano Fuentes, quien dijo públicamente no conocer a Contador ni haberle facilitado ninguno de sus productos.
Tras el escándalo, el equipo quedó excluido de participar en el Tour de Francia 2006, prueba que Contador ganarÃa al año siguiente -tras fichar por el Discovery Channel-, convirtiéndose en el quinto español (Federico MartÃn Bahamontes, Luis Ocaña, Perico Delgado y Miguel Indurain) que ha logrado tal proeza.
Al poco de su triunfo y ante las acusaciones surgidas en la prensa francesa, Contador leyó un comunicado público en el que se reafirmaba en su compromiso contra el dopaje y aseguraba haber jugado siempre limpio. Vetado por la organización francesa para competir este año en el Tour porque habÃa fichado por el Astana, ganó el Giro de Italia el 1 de junio.
El 21 de septiembre, tras ganar la Vuelta a España, entró en el exclusivo club de los mitos, los que han ganado las tres carreras: Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Bernard Hinault y Eddy Merckx. El mÃtico belga dice del madrileño que “es el mejor corredor del mundo para grandes vueltas porque es el más completo de su generación”.
Fuente: Revista Pronto
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